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Volatilidad e indecisión en la Elección Presidencial 

Jesús Alberto Cano Vélez / 2018-06-12

La polarización entre las facciones participantes en la campaña presidencial se ha agudizado en los últimos días, con el enfrentamiento entre José Antonio Meade, candidato de Todos por México y AMLO, candidato de Juntos haremos Historia, por las candidaturas al Senado de Nestora Salgado ex dirigente de la policía comunitaria en Olinalá Guerrero, con varias investigaciones pendientes en su haber, y Napoleón Gómez Urrutia, dirigente minero acusado de esquilmar a su gremio por un monto de millones de dólares.

Este enfrentamiento adereza las ya de por sí ríspidas relaciones entre los contendientes, evidenciando cuan lamentable es que la razón se supedite a la ambición y al encono, y que el despliegue de barbaridades parezca no tener límite.

Más allá de la estridencia generada por éstas polémicas candidaturas de Morena, es importante destacar que a estas alturas de la contienda electoral, la elección presidencial no está definida. Si nos limitamos a leer lo que los medios de comunicación y especialistas dicen sobre los resultados reflejados en las encuestas, podríamos concluir que existe una tendencia irreversible. Sin embargo, correríamos el riesgo de tener una visión parcial, incompleta de la realidad.

Considerando los diferentes resultados en las preferencias electorales, todas las encuestas han comenzado a mostrar el crecimiento significativo de dos factores de los que se habla poco, pero que pesarán mucho en los resultados finales: los electores indecisos y los electores volátiles. Los primeros son aquellos que aún no deciden por quién van a votar; los segundos son aquellos que cambian de decisión con cada nueva encuesta o cada mesa de debate, y ahí encontramos a un buen número de mexicanos.

Este dato es significativo porque las diferentes encuestas nos están reflejando una fotografía de las preferencias electorales, pero más importante, nos están mostrando de forma contundente un cambio en la actitud de los electores, que si bien está siendo medida, no está siendo interpretada en su impacto real en los resultados.

Los electores “indecisos” representan cerca del 30% del electorado. Los votantes volátiles que hoy tienen una preferencia por algún candidato, pero que en lo que resta de la campaña podrían cambiar su voto, motivados por la utilidad del mismo, podrían llegar a representar el 50% de los votantes. Estos actores definirán al próximo presidente de México.

En la última encuesta de Mitofsky del pasado 16 de mayo, se reporta a AMLO con 32.6%, a los indecisos con 26.8% y a Anaya con un 20.5 por ciento. En su encuesta, El Financiero reportó, el 14 de mayo, que los indecisos representan el 38%, mientras que el candidato puntero, AMLO, alcanza 28.5 por ciento.

Por otra parte cuando comenzamos a revisar los datos de votantes “volátiles”, resaltan datos reveladores. De aquellos que sí contestaron por quién iban a votar, un 43% podría cambiar el sentido de su voto según la encuesta de El Financiero; un 54.3%, en la de El Heraldo del 15 de mayo, y un 47% en la encuesta de POP Group, del 16 de mayo.

Resulta interesante que todas las encuestas miden a los indecisos, pero no  interpretan su real impacto. Estas características, volatilidad e indecisión, nos hablan de un elector distinto. Un elector no politizado, menos susceptible al comportamiento en masa y, por ende, menos accesible a la predicción que ofrecen las encuestas.

Ante la presencia de este nuevo agente en el panorama electoral, no es de extrañarse que la tendencia en cada una de las encuestas citadas comience a cambiar conforme se acerca la fecha de la elección presidencial, que será muy competida y quedaremos muy sorprendidos con el resultado final. Al tiempo.

(*)Economista 

@acanovelez

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